Las redes de muchas empresas bloquean los conversores de PDF en línea, y con razón. Hice una suite que procesa todo en el navegador, sin servidor, y la liberé para que cualquiera la use o la ejecute en su propio equipo.
Alexis Dorado Muñoz
Fundador de 24Bytes
20 de septiembre de 2026
5 min de lectura

Unir dos PDF. Sacar la página 4 de un documento. Bajarle el peso a un escaneo para que pase por el correo. Son tareas de dos minutos que casi todos resolvemos igual: se busca «unir pdf» en Google, se abre el primer resultado y se sube el archivo.
Hasta que un día la página no abre, porque la red de la empresa la tiene bloqueada.
Lo noté trabajando en redes corporativas: los conversores de PDF más conocidos suelen estar en la lista de sitios bloqueados. Al principio molesta. Después uno entiende la razón.
Esos servicios funcionan subiendo el archivo a un servidor ajeno, que lo procesa y lo devuelve. Para el área de seguridad de una empresa, eso es un empleado enviando contratos, nóminas, historias clínicas o cédulas de clientes a un tercero del que no sabe nada: dónde guarda los archivos, por cuánto tiempo, quién puede verlos. La forma más simple de evitarlo es bloquear el sitio.
El problema es que la necesidad no desaparece. La gente sigue teniendo que unir dos PDF, y termina haciéndolo desde el celular con datos móviles o desde el computador de la casa, que es exactamente lo que la política quería evitar.
Empezó en 2025 como algo pequeño: una página para pasar imágenes a PDF que resolvía mi propia necesidad. Este año la convertí en 24Bytes PDF, una suite con nueve herramientas: unir, dividir, organizar páginas, comprimir, pasar imágenes o Markdown a PDF, exportar un PDF a imágenes, poner marca de agua y numerar páginas.
La regla de diseño es una sola: no hay servidor. El sitio son archivos estáticos. Cuando cargas un PDF, el navegador lo lee en la memoria de tu equipo, lo procesa ahí y te entrega el resultado desde ahí. No existe un sitio al que el archivo pueda viajar, porque detrás de la página no hay nada que lo reciba.

Se puede comprobar sin creerme: abre cualquier herramienta, desconecta el wifi y úsala. Funciona igual.

Decir «no subimos tus archivos» es fácil. Lo dice cualquiera. La única forma honesta de sostenerlo es dejar que lo revisen, así que el código está publicado en GitHub con licencia MIT.
Eso cambia tres cosas.
Se puede auditar. El área de seguridad de una empresa no tiene que confiar en mi palabra: puede leer el código y ver que no hay ninguna llamada que envíe el documento. No usa un framework ni un paso de compilación que esconda lo que pasa; es HTML, CSS y JavaScript legibles, con las librerías incluidas en el repositorio en lugar de cargarlas de un CDN.
Se puede ejecutar en local. Si tu red bloquea también mi sitio, o si simplemente prefieres no depender de nadie, lo clonas y lo abres en tu propio equipo. No hay nada que instalar aparte de algo que sirva los archivos:
Abres http://localhost:8765 y tienes la suite completa funcionando sin internet. Una empresa puede dejarla en su intranet y darle a su gente una alternativa aprobada, en vez de solo un bloqueo.
Se puede mejorar. Cada herramienta son tres archivos: uno con los textos, uno con la interfaz y uno con la lógica. Si a alguien le falta una función, puede añadirla y proponerla, o quedarse con su propia versión.
Trabajar sin servidor tiene límites, y prefiero decirlos antes de que alguien los descubra con un documento importante.

Llevo años usando software libre para trabajar: los lenguajes, las bases de datos, los servidores y hasta las librerías con las que está hecha esta suite son el trabajo de gente que decidió compartirlo. Esta es una forma pequeña de devolver algo.
Si te sirve, úsala. Si tu empresa bloquea los conversores, pásale el enlace del repositorio a quien administra la red. Y si te falta una herramienta, en la portada hay un formulario que me llega directo al correo.
Nueve herramientas PDF que funcionan en tu navegador. Gratis, sin registro y con el código a la vista.